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Luego del agua llegan las enfermedades.

Cuando el agua baja, llegan las enfermedades. Cuando las personas deciden regresar a su casa se exponen a un riesgo sanitario elevado.

La principal amenaza son las enfermedades respiratorias, infecciosas, accidentes y traumatismos provenientes por picaduras o mordeduras de animales. Las enfermedades más comunes derivadas del contacto con aguas contaminadas son las diarreas, hepatitis A, cólera y la toxiinfección alimentaria.

La doctora Cristina Freuler, jefa del servicio de Infectología del Hospital Alemán, explicó a LA NACION que el principal problema es la contaminación que deja el agua. Las personas se exponen a una serie de enfermedades como la leptospirosis y el hantavirus, la hepatitis A y E, el cólera, la fiebre tifoidea y hasta la meningitis.

“El agua se contamina por la orina y materia fecal de animales (por ejemplo, de perros, gatos o caballos), lo que puede originar si toma contacto con lesiones en la piel humana, ojos o mucosas de una infección llamada leptospirosis -una de las zoonisis más comunes-. Y también puede aparecer el hantavirus cuando se origina por roedores. La fiebre tifoidea se manifiesta si la contaminación proviene de materia fecal humana”, explicó la especialista en infecciones.

Cuando baja el agua las personas se exponen a una serie de enfermedades como la leptospirosis y el hantavirus, la hepatitis A y E, el cólera, la fiebre tifoidea y hasta la meningitis.

Las enfermedades gastrointestinales suelen presentarse cuando el agua contaminada ingresa al organismo, en la mayoría de los casos por una mala higienización de manos y utensilios.

La experta precisó que otro foco de atención médica debe ser la relación del agua con el frío, lo que puede derivar en una gripe, neumonía o bronquilitis.

“Y por último está el grupo de los accidentes y traumatismos. Cuando una vuelve a la casa se puede lastimar con cualquier objeto contaminado con agua sucia y originar una herida pequeña. Por ejemplo, el ténanos no implica elementos oxidados únicamente, ya que cualquier cosa que contenga tierra es transmisor de la enfermedad. Y por supuesto está el riesgo de las mordeduras de roedores y las picaduras de víboras y arañas venenosas, que salen del agua y buscan refugio y un lugar seco dentro de las casas”, comentó.

 

Fuente: La Nación

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